A Fidel en sus 90

Hoy en la Historia:

Tomado de Ecured

El secreto de las huellas indelebles
Por Jorge Estrada


Quién dice que aún existe,
con tantos tiros que le dimos en la barba, a su imagen, a su carga.

Él iba entretenido con sus hazañas inquietas de arreglar el mundo,
y nosotros, nosotros lo echábamos a perder todo.
Envenenamos el agua, asesinamos campesinos,
y hasta matamos maestros.
Mejor dicho, matamos niños maestros.

Sí.
Era necesario acabar con su expansión,
con su furor verde, con su olor a monte,
con su camisa mojada de Cuba y la América sufrida,
del África sometida, del Asia castigada,
y hasta de la Europa mustia del obrero rojo.
Matamos, quemamos, pusimos la bomba. ¡Pusimos la bomba y qué!

Pues no durmió nunca más, no descansó jamás, no se detuvo.
Y al que tratábamos de vencer, prosiguió su curso y construyó una torre,
izó una bandera y repartió los panes, los panes y los peses,
aquellos peces de nuestras neveras infladas.

Quién dice que aún respira, si infestamos su isla con más de mil calañas,
Quién dice que aún habla, que inspira un hálito que se enfrenta al viento,
Si ese viento cargado de Norte,
frío y brutal Norte de bloques infranqueables,
que extendimos a los mares, a los cielos y a su suerte,
a su suerte toda, debió quitarle la vida a Él y a su pueblo.
Si ni una pisca de alimento le dejamos pasar, ni un calmante para nadie,
Niños, jóvenes y viejos que olieran a Él han de morir. No importa.

Quien dice que aún se le escucha.
Si transgredimos con sonidos e imágenes de baratijas y mentiras coqueteadas,
Si hasta su Apóstol lo trocamos en esas ondas.

Pero no logramos nunca colimar su alma.
Debe ser que no tiene el espíritu dentro de su cuerpo.
¿No será que es uno de esos fantasmas,
que vagan y asustan
y con sus espinitas, eternamente tratarán de desinflarnos?

A Fidel en sus 90 cumpleaños

 

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