Por Elio Antonio

Otrora, Parra trabajó como chofer en la Base naval yanqui durante diez años.Ahora tiene unos envidiables 90 años de edad y ostentala doble categoría: Combatiente de la clandestinidad y del Ejército Rebelde. En la Cuba librese desempeñó en múltiples cargos en las filas del Ministerio del Interior.
Nos cuenta que en una de las tantas redadas de la policía batistiana, fue detenido en la calle Regino E. Boti (Cuartel) y 7 Sur, cuando intentaba alejarse de un grupo de guardias. Posteriormente fue conducido al Cuartel de la guardia rural Silverio del Prado, hoy Escuela Primaria Rodolfo Rosell. —¡Ustedes saben a donde tienen que llevarlo! Dijo el sargento Moya en la instalación castrense a los captores de Evelio. En el trasladado hacia un lugar desconocido —probablementedonde sería asesinado como otros tantos guantanameros, hoy mártires— se detuvieron en un negocio cerca del puente de San Justo, le quitaron 20 dólares que llevaba en los bolsillos y se pusieron a beber. En un descuido se dio a la fuga logrando escapar a su casa y luego a la Base, donde permaneció trabajando por varios días antes de alzarse e incorporarse a la Columna #20 Gustavo Fraga. Su esposa Marina Avila Soa —casados por 69 años y 5 meses, y recien fallecida— debió soportar vejámenes para que diera cuentas de su marido milagrosamente prófugo.

Quedan pendientes otros encuentros con este nonagenario combatiente, para conocerdesde sus recuerdos, sobre revolucionarios acontecimientos poco conocidos
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