Noel Ventura Navarro Estévez (nombre secreto: Jorge)

Por Elio Antonio

Hombre de 78 años de edad, hijo de español, con aparente buena salud. Al igual que sus camaradas Noel es muy entusiasta y sobre todo, preocupado porque no se ha recogido oportunamente las tantas historias de vida que atesoran sus compañeros de lucha, héroes casi anónimos. Ostenta la categoría de Combatiente de la clandestinidad. Comenzó sus relatos diciendo que él era un tipo fresco. Yo interpreté: rebelde.

Con 15 años ya le habían enrolado en la lucha clandestina. Eran las últimas semanas de 1958 cuando quiso alzarse; pero por su tan temprana edad Efigenio Ameijeiras no lo permitió. Les dijo que se mantuvieran seguros y cuando fuera necesario, los mandarían a buscar. En esa espera lo agarró el triunfo de la Revolución.

En nuestro improvisado encuentro me explicó, cómo funcionaban las cédulas del M-26-7, entre otras tantas formas organizativas que existieron y existen para la defensa de la patria.

“La esposa de Roberto Cisnero nos proporcionaba muñequitas explosivas; pero otras no lo eran, con las cuales pasábamos frente a los guardias como adornos del yeep en el viaje de ida a Jamaica —poblado a 8 km de Guantánamo. Al regresar a la Ciudad poníamos las explosivas para ser lanzadas poco a poco hacia los cañaverales. El sol del mediodía las hacía explotar, prendiendo así las cañas. Luego restituíamos en su lugar las inofensivas para pasar inalterados por frente a los guardias.

“Además participé en la venta de bonos del 26 de Julio con la señora Neda Lara, quien se fue a vivir a Venezuela. También participé en la huelga del 9 de abril de 1958.

En una ocasión Rubén Martínez le propuso lanzar un coctel molotov contra la pared de un negocio y el niño Ventura aceptó. El propósito era amedrentar a un barbero llamado Huevo de pato, un servil de la dictadora. Le dijo que la lanzara cuando culminara el recreo, buscando que nadie viera al muchacho. “Se formó tremenda jodedera con la policía, el ejército, con todo el mundo, y me fui”. Me imagino que por su temeraria personalidad estaba emocionado y también muy asustado por la gravedad del hecho. Concluye ese pasaje diciendo que los muchachos de la escuela ayudaron a apagar el fuero y eso, ayudó a disipar sospechas sobre ellos mismos.

Luego Martínez le preguntó si quería ser miembro del grupo de acción y sabotaje del Directorio Revolucionario “13 de Marzo”, comandado en Guantánamo por Nando Founier Guevara, quien le presentó a Ibrahim Heredia, Jorge Rivas y a Roberto Cisnero (Pachi).

Entre la vida y la muerte

“Yo trabajaba ayudando a un hermano mío en el cine Campo Amor, ubicado en Pedro A. Pérez esquina a Bernabé Varona, donde está ahora el Coppelia. Yo cogí un paquete que me dejaron Heredia y Rivas. —Ten cuidado, no vaya a ser que te explote, esto es un petardo, me dijeron. Yo estaba en el bar, que no tenía que ver con la entrada del teatro; pero que sí tenía comunicación a través de una puerta interior. Yo guardaría la pequeña bomba para que ellos pudieran pasar por la entrada del cine sin ser descubiertos. A la hora indicada, al finalizar la última función, procurando no hacerle daño a nadie, la colocarían en un baño de mujeres.

“Parece que los Tigres de Manferrer se percataron del movimiento que había allí y mandaron a encender las luces para revisar; pero no pudieron encontrar nada. Entonces le dije a Ibrahim —Traigan ese aparato para acá que la cosa está cabrona, nos van a joder a los tres. Le propuse a mis compañeros que al salir lo hicieran por la barra, porque de lo contrario lo interceptarían en la entrada principal del cine. Así ambos pudieron írseles en las narices de los Tigres. Pero eso trajo consecuencias para mí; me interrogaron acusándome de saber cómo pudieron huir los revolucionarios. Se me trocó todo aquello, por poco caigo preso.

Continúa diciendo que en eso aparecieron dos policías: Parrita y Naón. “El Naón ese daba golpes con coj… aquí en Guantánamo. Yo lo conocía, él iba allí a la barra a tomar refrescos de gratis. Preguntó: —¿Qué pasó con mi sobrino? Los vestidos de civil contestaron que yo había dejado salir a los que ellos estaban buscando. Por mí parte replicaba que no había visto a nadie, que por allí no había pasado nadie; que fueran a ver, que había otra puerta allá por el fondo. —¡Usted me está acusando de algo que es incierto! Finalmente, no me llevaron preso porque Naón intervino.

“Después del triunfo de la Revolución a Naón lo condenaron a 20 años de prisión. No lo fusilaron porque en el juicio, en el antiguo ayuntamiento, lloró delante del pueblo diciendo que él solo había dado muchos golpes. A Parrita no se le pudieron encontrar cargo alguno.

No todo aún

Otras muchas cosas tendremos que seguir contando de este combatiente con la ayuda de la Unión de Informáticos de Cuba y otras instituciones del ámbito comunicacional. En lo particular, quisiera ser ahora mismo un periodista o historiador, encargado de develar cada anecdótica experiencia oculta en el Consejo Popular “Rubén López Sabariego”.

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